EL TERCER PAISAJE


-¿Qué es Tercer Estado?
-Todo
-¿Qué ha logrado hasta ahora?
-Nada
-¿Qué aspira a lograr?
-Algo


En 1789, el abad Emmanuel- Joseph Sieyès, uno de los ideólogos de la Revolución Francesa, describió con este
diálogo El Tercer Estado, un espacio que no expresa ni el poder ni la sumisión al poder. En 2004, el jardinero, botánico y escritor Gilles Clément lo acuñó para designar El Tercer Paisaje, título al que remite nuestro proyecto: “Si dejamos de mirar el paisaje como si fuese el objeto de una industria, podemos descubrir de repente una gran cantidad de espacios indecisos, desprovistos de función, a los que resulta difícil darles un nombre. Este conjunto está situado en las orillas de los bosques, a lo largo de las carreteras y de los ríos, en los descampados...Cubre superficies modestas, tan dispersas como las esquinas perdidas de un prado. Entre estos paisajes no existe similitud de forma. Sólo tienen una cosa en común: todos ellos constituyen un territorio de refugio para la diversidad. En todas las demás partes ha sido expulsada. Este hecho justifica que los reunamos bajo una sola expresión: Tercer Paisaje”:
Como Clément, defendemos los espacios residuales que quedan fuera de cualquier tipo de ordenamiento y no
expresan ni poder ni obediencia. Planteamos nuestro proyecto como una declaración de resistencia botánica
privilegiando por encima del Arte lo vivo que se desarrolla y transforma en el tiempo.

 

Desde los tiempos de Homero existen cuadros de jardines. Algunos, como los del pintor Claude Lorrain (1604-
1682), fueron tan influyentes, que inspiraron diseños de jardines que imitaban sus pinturas. Miquel Sabaté y yo hemos decidido ir más allá: plantar literalmente un jardín dentro de un cuadro, tal vez porque siempre nos ha intrigado saber qué quiere decir un artista sin obra, y una obra sin artista; también, porque plantar un cuadro con “malas hierbas” nos sirve para comprender las dinámicas de fabricación de paisajes aparentemente insignificantes. El pilar sobre el que se sustenta nuestro jardín es un cuadro de Miquel. Si hay algo que caracteriza su obra es la imposibilidad de clasificarla dentro de cualquier movimiento artístico concreto. Miquel es su propio movimiento: sus cuadros provocan ruinas. La noción de ruina va ligada a la idea del fragmento, a la pérdida de una totalidad y de un origen: son los restos de algo que no volverá a ser más que en su reconstrucción ilusoria, subsidiaria del modelo original. En este sentido, el artista hace toda una labor de destrucción guillotinando una serie de dibujos y pinturas sobre la Fachada de la Iglesia de Sant Pere de Riudebitlles . Los pedazos ensamblados aleatoriamente dan lugar a la pieza final, una superficie de texturas cromáticas en las que cualquier vestigio de “realidad” queda aniquilado.
Así, Miquel nos enfrenta a las ruinas antes de que se produzcan. Su estética tiene que ver, más que con lo
fragmentario, con lo que quedará de nuestros afanes en el futuro: el polvo y las cenizas.
Picasso decía que cuando empezaba un cuadro no sabía lo que iba a salir. Intervenir la obra de Miquel plantando literalmente “malas hierbas” dentro de un cuadro, por mi parte, también supone un viaje hacia lo desconocido. En cualquier caso, el objetivo no es realizar una actuación puramente artística de destrucción, de “matar la pintura”; más bien, se trata de romper los artificios que la ligan a la tradición artística, construir un discurso poético que aproxime la pintura literalmente a la tierra.

Tras investigar e intentar replantar infructuosamente algunas “malas hierbas” que crecen en los espacios residuales de Riudebitlles que conforman su Tercer Paisaje – los márgenes del río, las grietas de las aceras, los muros de las calles, los descampados entre casas, etc...- he optado por plantar hiedra y miraguano . La hiedra y el miraguano se consideran una “mala hierba” porque invade los muros de hormigón y piedra de nuestras ciudades y pueblos dejando ver únicamente las partes altas. Allí donde crece nos hace ver con ojos nuevos el paisaje. La hiedra y el miraguano son un “desierto biológico” que sólo remite al paso del tiempo. El mensaje que transmiten es claro, tal vez una utopía para el siglo XXI: estamos hechos para resistir. De esta manera, nuestra obra conjunta El tercer Paisaje busca reintegrarse en un “arte” que se ha vuelto estéril. Su éxito, si es que existe, radicará en la transformación y trascendencia.
En última instancia, El tercer Paisaje apunta una visión: estar atentos para generar nuestros propios mundos y tender hacia ser gente con habilidad para ver el mundo con otros ojos, donde el arte no es realmente importante, ni tampoco el resto, porque lo verdaderamente valioso es la vida. La obra El tercer paisaje regresa, aunque sea casi imposible, a la sensación de no saber hacia donde nos dirigimos, de hacer lo que se hace sin importar si se gana o se pierde. Trabajar sin que la esperanza sea algo imprescindible. No hay otro remedio.

ACTIVIDAD 1
SENDEROS DE DESEO


“Creo que el arte de la jardinería consiste en lograr que la tierra exprese su propia voz. No somos dueños, sino simples mediadores. El exceso de control sobre la naturaleza siempre trae desgracia. De no ser por el derroche de inteligencia e imaginación de los Jardines de Versalles, cualquiera podría pensar que son obra de un imbécil.”


Umberto Pasti

 

Sendero de deseo (sentier de désir en francés, desire path en inglés) es un término utilizado
en urbanismo y arquitectura de paisaje para referirse a esos senderillos o atajos, dentro de zonas urbanizadas, que no están planeados desde arriba, sino que más bien han sido trazados por la erosión del paso de la gente que busca el camino más corto entre dos puntos o evitar algún obstáculo o rodeo innecesario.
Como escribe George Redgrave, "la clave de los senderos de deseo no es sólo que hayan sido hechos por una
persona o un grupo, sino que estén hechos contra la voluntad de alguna autoridad que querría que fuéramos por otro camino menos conveniente”.
El atajo en general es buena imagen o metáfora de prácticas cotidianas y de mecanismos mentales habituales. El mismo pensamiento está hecho de automatismos que tienen algo de atajos. Atajo mental podría querer decir varias cosas, no todas buenas. Pero los llamados senderos de deseo son, además, expresión e imagen poética de la voluntad y el trabajo colectivos en contra de lo previsto y programado desde arriba.
Recordemos un documental de 1973, en el que Pier Paolo Pasolini se preguntaba sobre la forma de las ciudades. Caminando junto a las murallas de Orte (Italia), decía: "Este camino pavimentado con viejas piedras por el que andamos no es casi nada, es una cosa humilde. No se puede comparar con ciertas obras de arte estupendas de autores de la tradición italiana. Sin embargo, yo pienso que este caminito de nada (stradina dal niente), tan humilde, se ha de defender con el mismo cariño, con la misma buena voluntad, con el mismo rigor con que se defiende una obra de arte de un gran autor. Del mismo modo que debería defenderse el patrimonio de la poesía popular anónima igual que se defiende la poesía de autor, de Petrarca o de Dante, etcétera, etcétera." (Se trataría de) "defender aquello que no está sancionado, que no está codificado, que nadie defiende, aquellas obras, por así decir, del pueblo, de toda la historia del pueblo de una ciudad, de una infinidad de hombres sin nombre que han trabajado en el interior de una época y que para mí han producido cosas más extremas y absolutas que las obras de arte de autor".


Como decimos, este fenómeno es buen ejemplo de lo que se enfrenta a la imposición de un cierto modelo de
ciudad, ese que el ciudadano siente cada día menos suyo. La existencia de estos caminitos, ¡en todas las ciudades del mundo!, delata el mal trazado de algunos itinerarios urbanísticos oficiales, representa un contra urbanismo desde abajo, no sólo colectivo, universal y anónimo, sino en gran medida también inconsciente. Prueba de ello es que muchos de ustedes no habían reparado antes en algo tan habitual o, al menos, no le habían puesto nombre, no lo habían convertido en tema. Seguramente porque cumple su modesta función como debe, sin hacerse notar.
Senderos de deseo es una actividad participativa cuyo destinatario es el público en general. Consiste en
fotografiar y cartografiar ( si se puede de forma online) los “senderos de deseo” de Riudebitlles con el
objetivo de defender el pasado anónimo y centenario del que hablan Bachelard y Pasolini.

Riudebitlles és Territori d'ART